CÓMO LA MENTALIDAD DE MASAS PERMEA NUESTRAS DECISIONES

La lotería, es un cuento corto escrito por Shirley Jackson para la revista The New Yorker en 1948. Narra la historia de un pequeño pueblo estadounidense y las interacciones que tienen sus diferentes habitantes en la víspera de una celebración tradicional para dicha población: la lotería del pueblo. conocemos las reacciones de diferentes personajes y sus conversaciones de cara a la celebración anual de esta tradición. Al principio como lectores estamos un poco desconcertados porque no sabemos a ciencia cierta la metodología de la lotería. Poco a poco se va desvelando la mecánica del juego para finalmente llegar al desolador epílogo: la lotería que se celebra anualmente decide quien será apedreado por sus vecinos. Así, sin mayor explicación.

Screen Shot 2018-05-28 at 3.38.20 PM.png

Esta historia de ficción es a veces descrita como un cuento acerca de cómo la conformidad en las masas puede desencadenar la locura. El impacto que tuvo en Estados Unidos posterior a su publicación fue tal, que cientos de cartas llegaron a la redacción de la revista; algunos preguntaban preocupados si la historia era realmente del género ficción o dónde exactamente se llevaba a cabo esa tradición.

Lo perturbador del relato es que esta tradición es descrita no como algo macabro o aberrante, sino como algo natural y orgánico en sus habitantes. Nadie controvierte la celebración de esta actividad y todos ejecutan las reglas sin cuestionarlas, porque están basadas en la tradición.

Otra historia que muestra elementos similares, pero con carácter de ficción científica es la película Never Let Me Go (Mark Romanek, 2010), basada en la novela del mismo nombre del reciente galardonado al Nobel de literatura Kazuo Ishiguro. En la película, se narra la historia de tres personajes, Kathy, Ruth y Tommy.

 

Al principio los vemos en un colegio tomando clases sin tener clara la situación en la que se encuentran, hasta que poco a poco se revela que son clones criados con el propósito de servir como donantes de órganos a las personas de las que fueron clonados. Esto por supuesto implica que a medida que van donando sus órganos, se van debilitando hasta morir.

Screen Shot 2018-05-28 at 3.39.08 PM.png

Además de la reflexión acerca de la mortalidad, es interesante también ver como en ningún momento los personajes buscan cambiar el sistema; si bien buscan alternativas para alargar su proceso de donación, aceptan sin titubeos las reglas que les impone la sociedad imperante. Al final Tommy y Ruth mueren habiendo donado sus órganos y Kathy espera resignada el momento en el que inicie su proceso.

Lo cuestionante de estas historias es que nos permiten comprobar que, en algunos casos, en determinados microcosmos sociales, se generan reglas o tradiciones que son aceptadas sin reproche alguno por los integrantes de este entorno. Algunas de estas absurdas e irracionales.

Acá entra el concepto de mentalidad o sicología de masas en el que se propone que cuando las personas hacen parte de un grupo poblacional, toman decisiones diferentes de las que tomarían a nivel individual. Específicamente, la presión social o ‘presión de pares’ hace referencia a la influencia directa que ejercen los pares o la sociedad sobre un individuo; esta influencia le hace seguir las actitudes, valores o comportamientos del grupo social o líder de ese grupo.

Constantemente vemos este tipo de comportamiento en la sociedad. Algunas veces se achaca a la tradición como en el caso de la historia “La Lotería”, otras veces el grupo social se ve influenciado por un líder carismático que les hace cambiar sus hábitos y controla sus decisiones como en el caso de los cultos religiosos.

Una película que desafortunadamente pasó desapercibida es la de LA CABRA (Goat, Andrew Neel; 2016). En la cinta se narra la historia de Brad Leland quien al principio de la película es brutalmente golpeado para robarle, lo que le deja secuelas emocionales. Posteriormente, entra a la universidad y decide ingresar a una de las fraternidades en donde ya es miembro su hermano mayor. La película va narrando todas las 'pruebas ' que deben pasar él y otros novatos para poder ser parte de este exclusivo grupo. Las imágenes de la cinta muestras vejámenes y humillaciones rayanas en la tortura que deben soportar los novatos para determinar quienes son dignos de unirse a la Fraternidad. Todo en aras de la hermandad. 

 

El asunto es que quienes propinan y ejecutan estas acciones no son criminales o sádicos, sino estudiantes universitarios como ellos que, en el caso de la película, incluso comparten una relación de sangre. Su comportamiento está aparentemente justificado porque ellos alguna vez también pasaron esas pruebas. Esta iniciación es un ritual que deben sufrir los que quieren ser parte de esta organización; es una costumbre de siglos que pocos cuestionan e incluso es defendida.

Como lo expresa uno de los miembros de la fraternidad cuando es cuestionado acerca de si son demasiado duros con los novatos: "si no lo hacemos de esa manera, ¿cuál es el punto de todo esto?". Así como en La Lotería, la costumbre y la tradición es ejecutada por una masa crítica que no reflexiona acerca de la racionalidad de ese comportamiento.

Tanto en “La Lotería” como en Never Let Me Go y GOAT, si bien como espectadores nos genera desazón la temática planteada, logramos mantener distancia de la historia al saberla ajena y ficticia. Podría tranquilizarnos el hecho de que esto es al fin y al cabo ficción y la realidad es diferente. Desafortunadamente no es así. En la edición de noviembre de 2017 de la revista The Atlantic, Caitlin Flanagan narra la historia de Tim Piazza, quien permaneció doce horas luchando por su vida debido a un rito de iniciación en la Fraternidad Beta Theta Pi de la Universidad Penn State. Los 'hermanos' de la fraternidad olvidaron que alguna vez se instaló un circuito cerrado de televisión que registró como Tim después de ingerir de manera forzada cantidades exageradas de alcohol, quedó en un estado catatónico y en lugar de llamar una ambulancia, por doce horas fue ignorado, golpeado y humillado. Cuando se dieron cuenta de su estado ya era demasiado tarde y murió en el hospital. Uno de los doctores que trato de mantenerlo con vida, atinó a decir: "si lo hubieran traído antes". Lo más dramático es que este no es un caso aislado y constantemente se escucha anualmente de muertes de estudiantes universitarios causados porque "algo salió mal" en sus ritos de iniciación. 

Como vemos, estos lamentables hechos desafortunadamente no ocurren solamente en la ficción y vemos como en nuestra realidad, constantemente estamos rodeados de ejemplos en los que la presión social y la mentalidad de masas genera comportamientos aberrantes, vistos como normales en los individuos que interactúan en ese entorno:

Screen Shot 2018-05-28 at 3.03.18 PM.png
Screen Shot 2018-05-28 at 3.07.38 PM.png
Screen Shot 2018-05-28 at 3.08.27 PM.png
Screen Shot 2018-05-28 at 3.13.40 PM.png

Quizá como lo expresa Jim Hightower: “lo contrario de la valentía no es la cobardía; es la conformidad.”. Contrarrestar la presión social requiere coraje y perseverancia. Usualmente los cambios de la conformidad social no son inmediatos, pero paso a paso, acción tras acción, se avanza en la dirección correcta. Al final, como lo dijo Ghandi “es fácil pararse en medio de la multitud; se necesita verdadero valor hacerlo solo”.